Introducción al Libro “Mi Solución” (2008)

“Los seres humanos tenemos la peculiar tendencia a simplificar los fenómenos que ocurren a nuestro alrededor con el fin, por supuesto, de comprenderlos. Esta tendencia forma parte de la racionalidad humana, y no solo de la occidental. Son abundantes los relatos de remotas y cercanas civilizaciones y culturas, en las que a través de mitos y leyendas, se trataba de dar una explicación sobre lo más diversos aspectos que han interesado al ser humano: el origen del universo, el inicio de la vida en la tierra, la relación del ser humano con la naturaleza y su posición con respecto al universo, el propósito o fin de la existencia humana, el inframundo, la muerte, entre otros.

Esta tendencia a la simplificación del mundo, con miras a su comprensión, ha sido llevada al rango de método por la racionalidad científica clásica. La ciencia moderna usa modelos para comprender y explicar los fenómenos, objetos de su estudio. Estas abstracciones, no son de manera alguna la realidad. Son solo formas lógicas de conectarnos de una manera útil con el universo que nos rodea. Un excelente símil de lo que es un modelo científico lo constituye un mapa. Un mapa no es una representación exacta del territorio que pretende modelar. Sin embargo, eso no hace que sea menos útil, o que la gente no los use, al contrario. En un mapa de carreteras, por ejemplo; solo están representados los pueblos y ciudades, y sus conexiones, a través de autopistas, carreteras, trochas, puentes y otros caminos. No están los árboles, ni montañas que usted encontrará en la vía. No obstante, esa información no le hará falta (no será relevante) cuando esté perdido en una vía y no sepa qué camino tomar. Solamente necesitará saber dónde está, a dónde quiere llegar y cuáles son las vías que conectan ambos puntos. Luego decidiría cuál de los caminos es el más conveniente.

La realidad venezolana actual es extremadamente compleja. Muestra de ello es que a un extranjero puede tomarle meses de estadía continua en nuestro territorio, para comenzar a comprender algo de nuestra realidad. Peor aún, una  buena cantidad de nuestros compatriotas se encuentran prácticamente en la misma situación, a pesar que muchísimos de ellos no han salido jamás de nuestras fronteras, ni siquiera por un breve lapso. Esto no representaría un mayor problema, si de la compresión de esa realidad no dependiera nuestra subsistencia como nación y la continuidad histórica de nuestra sociedad

A algunos les puede parecer exagerada esta afirmación, pero; a pesar de ello espero y aspiro que con la lectura de estas líneas los persuada en sentido contrario.

Para tratar de explicar por qué Venezuela se encuentra en una situación deplorable, he simplificado esa realidad. Por lo tanto, trato aquí, con fines explicativos solo cuatro aspectos o factores que a mi juicio, son los más relevantes para la comprensión del barullo en el que nos hallamos metidos, y que para muchos autores se remonta a fechas tan remotas como la colonia y la dominación española, o desde 1830 para otros. Sea como fuere, resulta obvio pensar que todo empezó a estar mal desde el pacto de Punto Fijo, o desde 1998 con el triunfo de Chávez, es en cada caso una de esas simplificaciones que sin duda, no nos sirven para absolutamente nada. Es como tener un mapa vial donde no haya vías, sino que aparezcan entonces las montañas, ríos y lagos. Un mapa así no sería útil en caso de extraviarnos en el tránsito de un pueblo a otro. Sería útil como mapa físico, para estudiar geografía por ejemplo, pero no para el fin de indicarnos la autopista que va de X a Y sitio.

Los cuatro aspectos o factores que aquí trataré son:

  1. El Factor Educativo y Cultural.
  2. El Factor Político Institucional.
  3. El Factor Económico-Petrolero.
  4. El Factor Ideológico.

Estos factores no son de ninguna manera compartimientos estancos. Más bien, los visualizo como interpenetrados y retroalimentados la manera de los sistemas complejos de Edgar Morín.

Comenzaré con el Factor Educativo y Cultural, ya que considero que buena parte de las causas más relevantes que explican el hecho de que como sociedad choquemos otra vez con la misma piedra residen en las carencias y fallas de nuestro sistema educativo, y en algunos de nuestros comportamientos sociales normalizados. Muchos de los disparates que en nombre del bien común son cometidos por nuestra alocada versión del Estado serían imposibles en una sociedad mejor educada. De allí la necesidad de que nuestro pueblo tenga un mejor nivel educativo. Sin embargo, la importancia de este factor cobra niveles estratégicos, en vista de la cada vez más grande separación tecnológica y científica entre los países desarrollados y países de economías auxiliares como el nuestro. De mantenerse ese ritmo de separación técnica, muy pronto seremos prescindibles. En palabras de Carlos Fuentes: “Tradicionalmente hemos sido países explotados. Pronto ni eso seremos: no será necesario explotarnos porque la tecnología habrá podido sustituir industrialmente nuestros ofrecimientos mono productivos” (Citado por Carlos Rangel [1976] en Del buen salvaje al buen revolucionario. Caracas. Monte Ávila). No sabemos si este puede ser el último vagón que lleve a Venezuela a la sociedad del conocimiento, por lo que mientras más pronto lo tomemos, mejor para nosotros, nuestros hijos y nietos.

Así mismo, en este capítulo se encuentra la visión que en líneas generales, tengo del problema educativo venezolano y de la problemática científico-tecnológica. También, como es lo responsable ofrezco algunas propuestas que han funcionado maravillosamente bien en países similares al nuestro y que de seguro podrían funcionar aquí.

Al tratar el Factor Político Institucional quiero referirme a las tenebrosas, contradictorias y bizarras relaciones entre la sociedad venezolana y su monstruo de Frankenstein particular: el Estado Venezolano. Alguien dijo que la autoridad divina (Dios), de la que supuestamente emanaba el poder de los Estados Monárquicos, ha sido sustituida por el derecho constitucional moderno -Estado Social-, poderoso y supuesto salvador y redentor de nuestro pueblo. Sin embargo, nuestro Estado Social se ha convertido en un verdadero antisocial, al no garantizar la unidad, ni la convivencia pacífica de los venezolanos, ni la supervivencia y continuidad histórica como nación. Se habla mucho en Venezuela del Estado justo, especie de redistribuidor de la riqueza, pero nunca se nos especifica qué es lo que hay que repartir o redistribuir, ni en qué proporciones. Lo primero que habría que repartir es la capacidad para producir riqueza. Otras cosas que habría que repartir equitativamente por ejemplo, son la educación, la salud y la seguridad social. Esta es una pequeña parte de mi versión venezolana de lo que John Rawls llama, en Una teoría de la justicia, “el catálogo de bienes primarios”. Creo en el Estado Social, pero también creo que debemos ser más precisos para no engañar a la gente con promesas esotéricas, como aquella constitucional de que el Estado le garantizará a cada venezolano que no enfermará (la salud). Si seguimos así en una próxima constitución podríamos incluir el derecho a volar, a la inmortalidad y quién sabe qué otro derecho.

Continúo con un factor muy importante: el Factor Económico-Petrolero. El objetivo de este capítulo es advertir sobre el tsunami nacional que se nos vendrá encima si no empezamos desde YA a prepararnos para el fin del negocio petrolero. Se demuestra que según la abrumadora y aplastante evidencia, y a pesar de nuestros volúmenes de reservas, el cambio climático, la tecnología y sobre todo los principios de la ciencia geológica, hacen presagiar unos 20, o a lo sumo 30 años más, de negocio petrolero. Hoy como nunca antes, dependemos de ese recurso. ¿Cuándo nos empezaremos a adecuar a una economía y a una sociedad diferente? Dentro de 20 años será muy pero muy tarde. De hecho, la idea central de este libro, es que nuestra meta como nación, nuestro ideal nacional, nuestro proyecto de país, debe ser prepararnos para la Venezuela post-petrolera. También se dan varias alternativas para usar de forma correcta, los recursos que ingresen, en lo que nos quede de economía petrolera, a fin de asegurarle a nuestras futuras generaciones un porvenir decente.

El tema de la ideología lo dejo para el final porque, aunque mi yo interno más pragmático me dice que no debería ni siquiera perder el tiempo hablando de eso, estoy consciente de que no me puedo desligar de este viaje a través de la máquina del tiempo, al cual nos ha llevado de gira el gobierno actual. En particular trato de referirme al socialismo del siglo XXI y vaguedades similares de corte marxista-leninista, que solo son consumidas por un reducido grupo de neandertales políticos disfrazados de intelectuales.

Termina el libro con una presentación, de lo que a mi juicio, es la única vía para construir una solución de corto plazo, viable, efectiva, eficiente, pacífica, constitucional y democrática: la Asamblea Constituyente. Expongo de manera muy sucinta, por qué la considero una solución de ese corte, y cómo podríamos activarla. Sin embargo, a través de todas estas líneas hay dos temas recurrentes: El proyecto de la Venezuela Post-petrolera y la Asamblea Constituyente parecieran desligados, pero no es así. El Estado que se describe en la Constitución vigente desde 1999, no sirve para la Venezuela Post-petrolera. Es una constitución para el idílico país que va a vivir del petróleo por 300 años más, cuando el fin de ese negocio sobrevendrá diez veces más rápido que eso. Necesitamos dibujar otro Estado y también necesitamos meter en cintura a un gobierno forajido si no lo lamentaremos amargamente. Para esos dos fines nos sirve la Asamblea Constituyente

Introducción del Libro MI SOLUCIÓN

Raúl Isaías Baduel; 2008

 

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